porque está en alemán. Su título es:
Götter, der Wein und die Kunst.>
Misterio del Vino. Los Dioses, el Vino y el Arte>
Arcimboldo.
x 64 cm. Museo del Louvre, París.
Encuadrado
dentro del manierismo, corriente artística el renacimiento en el s. XVI en Italia sobre todo. Es un arte rebuscado y a veces extravagante y ahí
situaríamos a este artista como precursor del surrealismo. Entre las alegorías
de las cuatro
estaciones, reparamos en ésta del
otoño, estación en la que estamos. Estación propia de los frutos recogidos para
el invierno.
Como
no podía ser menos, nos encontramos
con
varios frutos: calabazas, uvas,
higos, peras, manzanas, castañas, mijo, nabos… y por supuesto
setas. «Probablemente
el artista ingirió un par de estas últimas para poder imaginar semejante obra
creativa en pleno siglo XV» según sugiere Miguel Calvo Santos en un
artículo de la web. Estaríamos ante un caso similar al de Gaudí en un capítulo
de la obra «El hongo en la génesis de las culturas» donde el autor Josep María Fericgla se pregunta: ¿Consumía «Amanita muscaria» Antoni
Gaudí?
Las frutas del
cuadro reproducen
las distintas partes de la cara, pero la seta hace la función de oreja o pabellón auditivo. Es difícil saber qué ejemplar inspiró a
Arcimboldo pero para mí, puestos
a
imaginar, se parece
a un “shitake” o Lentinus edodes, conocida
ante todo en Oriente por sus propiedades medicinales. No es descabellado que el
artista eligiera una seta para hacer de oreja, pero tal vez si
hubiera conocido la Auricula
judae la hubiera usado con mayor motivo o, si la conocía, ¿por qué no la utilizó?
Como
sabemos hay cuadros y obras de arte que reproducen setas. Me hago eco de éste
sobre el otoño para animar a la naturaleza
a
que nos agasaje con el preciado fruto que tanto perseguimos en esta época.
Rafael Gallego


